sábado, 13 de noviembre de 2010

Pequeño rincón de cultura

Siempre he pensado que los libros son la mejor fuente de inspiración. En base de las historias que podemos encontrar, el enredo de la literatura más cuidada y perfeccionada y en el borde de sentimientos plasmados en el papel, hacemos un cambio en nuestra vida. Nunca somos los mismos en el paso de la lectura de un libro a otro.

Más de una vez nos han dicho que los libros son la fuente básica de cultura y que aportan multitud de factores positivos a nuestra forma de hablar, escribir y de tomarnos la vida. En cada lectura, algo cambia. No sólo todo lo que absorbemos de esas frases si no, en la vida real. En el transcurso del tiempo que corre desde el último momento que guardamos un libro, hasta que lo volvemos a coger (sea el mismo o no), algo ha cambiado en nosotros, algo hemos vivido o algo nuevo hemos aprendido. Aporte extra de sabiduria, cultura y sobre todo, de libertad.

Quizá estar vivo sea esto: perseguir instantes que mueren.


En la seguridad de mi espíritu, no existe desafío que yo no sea capaz de afrontar. Indigente de nombre, posición y apariencia, soy en mi entendimiento una diosa invicta.

Si se teme el mañana es porque no se sabe construir el presente, uno se dice a sí mismo que podrá hacerlo mañana y entonces ya está perdido porque el mañana siempre termina por convertirse en el hoy.

Tiene la elegancia del erizo: por fuera está cubierta de púas, una verdadera fortaleza, pero intuyo que, por dentro, tiene el mismo refinamiento sencillo de los erizos, que son animalillos falsamente indolentes, tremendamente solitarios y terriblemente elegantes.

Si quieres cuidar de ti cuida de los demás y sonríe o llora por ese cambio radical del destino.

La elegancia del erizo, Muriel Barbery

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