viernes, 10 de septiembre de 2010

La Alhambra: magia y misterio

Entre el ciello y la tierra, la Alhambra. Con reflejos de oro producidos por sus torres y columnas, parece suspendida sobre las nieves de la sierra como una lámpara que refleja la luz. Bajo Sierra Nevada, grita a los bajos cipreses. Símbolo de la gracia de los sueños de antiguas civilizaciones, siempre revive en las miradas de todos aquellos que saben apreciar la gran maravilla que se alza sobre Granada.

Pocos son los lugares que pueden ser denominados como ‘Maravilla del mundo’. La Alhambra de Granada es uno de ellos.
Voces que gritan la historia de un pasado cargado de guerras, batallas y conquistas. De repoblaciones y de grandes construcciones. Arquitecturas que no se recuerdan, destruidas por nuevas civilizaciones que adquirían el terreno tras una dura confrontación.
Grandes obras de arte que dejan ver la riqueza impregnada que dejó el pueblo musulmán y posteriormente, los Reyes Católicos.

Alzada en la altura del terreno granadino, se puede contemplar toda la ciudad cristiana y mora. Toda una muralla que rodea la Alhambra deja guardar en su interior grandes palacios, fuentes, estructuras y joyas arquitectónicas. Besando el río Darro con los barrios del Albaicín y de la Alcazaba (lugar en el cual Sawwar Ben Hamdum tuvo que refugiarse durante una de las guerras civiles en el siglo IX).
 















La verdad es que me quedaba sorprendido. No entendía como podía sentir ese estado de paz, tranquilidad y armonía. No llegaba a concebir ese estado de plenitud y energía que me podía transportar dicha arquitectura.
Pocas son las personas que tienen el placer de tener un paisaje, una persona o un rincón de la tierra que les transporte a este mundo soñado pero a la vez real. Es impresionante como, el tener enfrente de mí esa gran maravilla que nuestros antepasados nos dejaron, puede llegar a emocionarme y hacerme sentir parte de nuestra historia al sentir esas sensaciones.

 
Hermosa de día, impactante de noche. Bajo la luz de la luna y junto al canto de los grillos, una hermosa estampa de la noche granadina junto a la Alhambra hacen de este paisaje un lugar de reflexión e intimidad. Tal vez para algunos, una ocasión para asistir con la persona que más te haga sentir o para otros, momento de soledad y auto reflexión de nuestra vida diaria, de la importancia que damos a nuestra vida y a nuestro alrededor.
A mi lado, un chico que explicaba con un tono suave adecuado al ambiente que en el mirador de San Nicolás (fotografías) se vivía a esas horas de la noche, las historias que albergaba la Alhambra, la importancia que personalidades destacadas de los últimos años han dado al epicentro cultural de Granada y el valor que éste posee.

Otra curiosidad despertó en mí. ¿Cómo puede ser, que paseando de una forma tranquila por las calles de Granada, tope sin pretenderlo con uno de los rincones de la Alhambra y una sensación de felicidad y plenitud invada mi cuerpo?
Ahí fue cuando reflexioné. ¿Qué es de nuestra vida, sin momentos en los cuales pares a pensar en los grandes momentos que nos ofrece la vida? Tal vez junto a nuestros seres queridos, en nuestra profesión, en el día a día o simplemente contemplando una de las obras arquitectónica de más valor, prestigio y grandeza visual e histórica del mundo.

Un cante flamenco sobre el barrio del Albaicín. Un murmullo de guitarras flamencas. Paz. El suave resplandor que alumbra la Alhambra. La perfecta combinación entre ésta y la naturaleza. Percibir el hermoso chasqueo del agua de la fuente cercana. Una imagen que, sin lugar a duda, vale más que mil palabras. Para mí, sin lugar a duda, el lugar perfecto.

2 comentarios:

  1. Uno se enamora de lugares, colores, sabores, olores... uno se enamora de Granada la primera vez que la visita y te hace volver a ella, como una peregrinación, para andar por sus calles, para sentir su manido embrujo, pero es cierto, GRANADA TE EMBRUJA.

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