Llega un momento que te marcas el punto de reflexión. Es la ocasión perfecta para saber decir basta a las situaciones que te incomodan, que te crean malos momentos y seguir avanzando por el camino de las cosas que día a día o ocasionalmente, te hacen sentir bien.
A veces la cabeza te lleva hasta la locura, hasta tal situación, que no pretendes seguir comportándote como lo has hecho hasta ahora. Será cosa del carácter de cada uno, quizá influya el modo de vida que has llevado hasta este preciso momento o será una reacción en un determinado momento, pero a veces es difícil de proponerte metas y cumplirlas. Pero yo, hoy, hago otra más (posiblemente, rompa a la vez, en un futuro, otra más).
Para todas aquellas personas que no están conmigo día a día, un silencio. Para los que tienen un fondo oscuro tachado con la tinta de la simpatía, un silenco. A los que aprovechan los malos momentos de una persona para meter el puñal afilado de la palabra falaz, un silencio. Los aprovechados, retrógrados, hipócritas y oportunistas, un silencio. Para todos aquellos que no son capaces de admitir sus errores y sus carencias emocionales, aprendizaje.
Hoy me propongo cambiar. Pero no de carácter ya que ello conlleva meses de terapia, y por ahora, paso lento. Todas aquellas personas que no gozan de mi simpatía, de mi confianza y de mi vida, se verán truncadas en ella por la agresiva tirada de la desconfianza y el desengaño.
De igual forma, aquellos que comparten mi vida, que me invitan a sentir sus emociones, los que tienen unos valores considerados y que me hacen llegar, a través de una simple mirada, un sentimiento alegre y agradable, les intentaré regalar cada día pedazos de mí, como he hecho hasta ahora.
Gracias a todos los que me leéis que sé que no sois pocos (es lo que tiene controlar la gente que visita el blog). Espero poder contar pronto avances en mi trayectoria profesional, pero como ya he dicho, paso lento.
Edgar Cabrera
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