viernes, 11 de junio de 2010

Cruzando destinos

Junio. En otras épocas estaba de exámenes o hace simplemente un año, en plena selectividad. Recuerdo aquellos días de nervios e inseguridades. Recuerdo aquella sensación de temor a lo desconocido, al vivir una experiencia tan decisiva en la vida y tan fugaz. Como, esta vez sí, te puedes jugar tu futuro en un par de hojas de papel.
Por suerte, todo salió bien. Recompensa y fruto de lo trabajado y de la aplicación de todo un año. Ahora, sin embargo, libre de exámenes, apuntes, trabajos y redacciones hasta septiembre. Otra recompensa más de tener todo superado a la primera, ¿no?.

Pero no es mi intención hablar de ésto en esta ocasión. Algo de relación con el tema tiene, pero no es bien lo que quiero tratar hoy. He pasado una nueva etapa de mi vida y ahora paro a analizarla. Ya se conoce mi interés por intentar repasar y reflexionar sobre cada paso dado en todo momento y ahora lo hago por esta última etapa.


Recuerdo las primeras semanas de septiembre. Un chico con las ideas poco claras, con una confusión que evadía cada centímetro de su cuerpo hacía temblar un futuro que, por aquel entonces, no era nada firme. Como un barco que no sabe a donde va, ¿qué podría ser de aquella nueva etapa dispuesto a emprender?.
Recuerdo los primeros días de clase. Caras nuevas, sensaciones invadían todo mi cuerpo con unas primeras impresionas (muchas erróneas y precipitadas) y un miedo a lo desconocido volvía a protagonizar sobre mi cabeza.
La verdad es que nunca me gustaron los cambios ni la aventura. Nunca me sentí atraído por lo desconocido, la incertidumbre o el suspense. A veces pensaba que podría arrepentirme de lo elegido, otras veces notaba cierto aire que entraba por mi habitación que gritaba que todo podría ser un error.
Pasaba el tiempo, una sucesión de días que iba dejando ver mi lado más tímido, temeroso y desconfiado. Un estúpido velo que al que le costaba gritar los anhelos de lo vivido hasta entonces. Al fín y al cabo, estúpido velo.


En ocasiones me ha costado avanzar, algunas veces tenía la sensación de ser una cometa que iba dejándose llevar por el viento. Sensación tardía de querer emprender un nuevo camino, una nueva vida cargada de momentos y vivencias todavía por llegar. Pero caminaba.


Hoy, sin embargo, gozo de una nueva vida. Me he adentrado en un sueño del cual, extraigo todo lo aprendido hasta ahora, todo lo vivido y sentido para guardarlo en el cajón de los sentimientos que sólo uno puede tener. Ese cajón formado por un paso formado a base de constantes decisiones y encuentros con la vida. De igual forma, un cajón con constante renovación. Prueba de ello, todo lo acumulado en esta última temporada.

Gente nueva a mi alrededor, curiosidad de un camino recién comenzado a pisar, nueva vivencias y sobre todo, nuevos sentimientos. Nuevas expectativas que hacen crecer mi aliento y la motivación de una vida surgida de la ilusión, de la fuerza para luchar y de las ganas de superación. Un recorrido imposible para los ojos que miraban un presente pasar hace un tiempo y para los que ahora, cualquier oportunidad que se presenta se convierte en un nuevo reto positivo.
Siempre se puede encontrar una nueva vida e incluso, la muerte al dar un paso. Cualquier nuevo instante puedes encontrar en tu contrasentido o en tu empeño en seguir hacía adelante. ¿Qué es la vida, si no, un conjunto de vivencias y experiencias tomadas por uno mismo en momentos determinados durante un largo tiempo?


Muy satisfecho de esta nueva etapa, con la ilusión de seguir hacía adelante y dando las gracias a cada una de las personas que he conocido en este tiempo que me han hecho, sin saberlo, crecer como persona y sobre todo, no perder las ganas por luchar, sobrevivir, superarme y aprender de casa instante. Gracias por cada palabra, por cada aliento cuando más lo necesitaba o simplemente, por querer aceptarme tal y como soy.

No hay comentarios:

Publicar un comentario