Ese mismo segundo. Ese mismo momento en el que pretendo parar las manillas del reloj. Incompetente ruido que absorbe la felicidad en un momento. Crees la vida pasar rápidamente cuando te das cuenta de que, lo que estás viviendo, es absolutamente feliz. Vuela, corre y arriesga. El reloj sigue girando, y tu ahí, sin decir nada.
Qué ingenua es la valentía. Qué irónica es la madurez. Cuántas cosas llegamos a ofrecer al primero que pasa por nuestra vida, a esa persona que únicamente nos presta cuatro risas. El perfume de lo efímero, común y simple. Ese perfume por el cual anteponemos tantas cosas, que ni nos damos cuenta.
Y hoy, acobardado por la absurda vergüenza. El caminar junto a ti por mis rincones de absoluto encanto visual se torna difícil. Mil coplas te entono, te regalo mi mirada más brillante e intento anteponer cada dolor tuyo, por un suspiro mío que te de toda la fuerza necesaria. Y hoy, aquí, sin moverme, sin ser capaz de vivir junto a ti como quisiera.
Me pellizcas el corazón. Me enloquece el llanto mudo de tu mirada. Me atormenta las extremidades de tus labios que caen. Tus mejillas, cada vez más hundidas, me recuerdan que tu vida, fue para mí. Y mírame, no soy capaz de ver tu cara iluminada caminando junto a mí una tarde cualquiera.Quiero transportarme contigo a aquellos años de absoluta felicidad. Quiero entregarte mi fuerza, mi verdad y mi valentía, al menos la poca que me queda. Me quiebra la voz pensarte.
Jamás el cielo dejará de tener su deuda. Jamás podrá agradecer tu existencia. Te prometo que daría lo que fuera por cogerte y vivir. Caminar y sentir junto a ti.
Te extraño, mi vida. Extraño cada sonrisa cada vez que se borra de tu preciosa cara. Extraño tu carcajada ante mi inocencia. Me hace falta tu brillo al verme. Necesito de ti, y cada día más.
Que el ritmo de un reloj jamás perturbe tu preciosa sonrisa.
Tenemos días difíciles, días que jamás quisiéramos pasar. Pero te juro, mi vida, que mientras yo tenga un soplo de aire, mientras me quede un solo latido, nunca dejaré de vivir para ti. Por tu sonrisa, tu voz, tus ojos, tus manos, tus caricias, tu pelo y, sobre todo, por tu fuerza.
Nadie sabe de mi sufrir. Ni si quiera mis amigos más cercanos saben la existencia de este problema. Una sonrisa, una carcajada y una careta pueden ocultar todo lo que estamos arrastrando. Hoy no va a ser diferente. Eso sí, para ti va mi verdad. Para ti, vivo yo.
PD: Gracias a mi gran amigo Fredy por la fotografía. Nada más verla, me han llegado muchísimos recuerdos de mi infancia, mi familia y mis derrotas. Mis ilusiones, mis lápices Alpino. Infancia, el tiempo fugaz, la felicidad, la inocencia y el mañana. El querer parar, el no poder y el seguir. La lucha, la vida. Hoy.
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