De pronto, me doy cuenta de que me gustaba. Me iba acostumbrando a esa realidad,sin más, pero otras veces sentía esa fuerza que me llevaba a volver al camino. Ese camino que día tras día pisaba pero en el cual no pensaba en lo más importante en ese momento: dónde estaba y con quién.
Tal vez, ahora lejos de ese camino, me doy cuenta. ¿Te lo imaginas? Recorrí caminos llenos de arena, suerte para mí de que fueron días. ¿O tal vez fueron insuficientes? Claro, si ahora lo recuerdo, será por algo.. La cuestión es que eran caminos diferentes. Arena y barro, criaturas insólitas y personas que desconocía.
Recuerdos de infancia, de personas que se fueron de la vida terrenal y otros recuerdos más conquistadores. Noches de penumbra y desconcierto y otras sensaciones dulces. Seguía el camino que cada día iba avanzando y retrocediendo. Yo decía: hoy pasearé por todo él hasta que mis piernas digan que mi la libertad se esfumó. Siempre volvía por el mismo camino que momentos antes había avanzado. Miraba las piedras, el asfalto a veces y coches parados en aquel camino que seguramente, no tenía más de doscientos metros. Costumbre y rutina funcionaron y no valoré el roce de la felicidad que aquello me podía dar, la transmisión de paz y inquietud. Abracé lo poco que me quedaba antes de arriesgarme a volver a cruzar la ciudad.
Hoy lo recuerdo siendo mi deseo en este instante poder correr por ese camino. Poder recordar una infancia y un sinfín de sentimientos y momentos que la vida brindó, pero caminando no visité ese desván tan serio como debería haberlo hecho.
Cada segundo que pasa, cada persona que miras y cada mirada, cada sabor y olor se guarda en tu mente, intenta que no se pase. Todo es fugaz. Luego no vale arrepentimientos ni anhelos. ¿O sí?
Fotos: Caminos llenos de luz. Plantas con colores vivos y con un aroma único. Emblema de una cultura y de una tradición, belleza a cada paso y en cada rincón. Así son los caminos de los pueblos de Granada.


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