viernes, 30 de marzo de 2012

Caer. Volar.

Aquel día sintió volar. Verdaderamente él sabía que bajaba en picado y, además, de golpe, sin pensárselo. Álex sabía que dejarse llevar te lleva a una senda cargada de esperanza e ilusión o al camino de árboles caídos y hojas muertas en el paso. En aquel momento, en aquella mañana, todo dio igual. Lo que creyó atrevimiento de juventud, podría ser una locura agitada en un día que, como todos tenemos, era de esos tontos  de horas bajas, de necesidades a toda costa.

Subió y bajo escaleras de su casa con entusiasmo, como cuando sus abuelos traían los regalos en el día de su cumpleaños: abrir regalo, subir regalo al cuarto y volver a bajar al salón.  Entusiasmado, alegre, rápido. El mundo parecía girar más de prisa y sus pasos recordaban a otros tiempos, a tiempos de ilusión y deseo.
El mejor lugar para asimilar lo que sentía era su incondicional paraje con aromas de personas que hace siglos acudían al mismo sitio, para hacer lo mismo, donde el alma entraba en calma junto a la natura y donde, una vez más la brisa marina rodeaba su cuerpo. Una vez que llegó, se abandonó a las rocas, con el sol de cara y las tímidas gotas del mar acariciando su rostro.

Nada, a veces todo le importaba nada. Bueno, más bien a Álex sólo le importaba la ilusión creciente, el camino a descubierto, el sentimiento a flor de piel que sentía. Sintió gracias de aquella llamada que de repente le hizo sentir alivio. Tras dos horas hablando con su mejor amigo, Álex tomó la realidad en su mano y se estremeció. Noche desesperada, inquieta junto a sentimientos intermitentes. Nada, a veces todo le importaba nada, sin excepciones. 

Sintió cómo iba cayendo sin llegar a caer gracias a esa llama que jamás se dejó de alimentar. Esa llama que, cada noche antes de acostarse, la volvía a contemplar y, como cada noche antes de acostarse, volvió a hacerle reflexionar. Pensar que, una vez más, estaba cayendo sin saber en qué momento iba  a frenar. Pero en cambio el pensaba que volaba cada vez que esa llama hacía mella en su corazón. Volar, sólo volar. O eso quería creer. 

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